viernes, 14 de febrero de 2025

Cuando la atención médica afecta nuestra salud mental


Cuidar de nuestra salud es fundamental. Por ello, cuando acudimos a nuestra prestadora de salud, lo hacemos con la intención de recibir orientación y apoyo sobre alguna dolencia física que nos preocupa. Sin embargo, en ocasiones, en lugar de salir con respuestas y tranquilidad, nos encontramos con un peso aún mayor: una carga emocional que no esperábamos.

No es raro que nos topemos con profesionales de la salud que, ya sea por la rutina, el estrés o su forma de expresarse, pueden parecer toscos o poco empáticos. Su manera de comunicar un diagnóstico o de responder nuestras inquietudes puede hacernos sentir pequeños, ignorantes o incluso culpables de nuestra condición. A veces, su actitud nos deja con más dudas que certezas y con una sensación de malestar que trasciende lo físico.

La salud mental y física están estrechamente conectadas. No solo buscamos un tratamiento para nuestro cuerpo, sino también sentirnos comprendidos y respetados en nuestro proceso. Cuando el trato que recibimos nos hace sentir mal emocionalmente, esa dolencia que nos llevó a consulta puede verse acompañada de frustración, ansiedad o inseguridad.

Es importante recordar que merecemos una atención de calidad, tanto médica como humana. Si alguna vez has salido de una consulta sintiéndote peor de lo que entraste, no estás sol@. Es válido exigir respeto y empatía en la atención médica. Nuestro bienestar integral lo merece.

¿Alguna vez has pasado por una situación similar? Me gustaría conocer tu experiencia.


Psi. Monica Ruiz 

Ser madre: una travesía llena de cambios y desafíos

Ser madre es una de las experiencias más transformadoras y desafiantes en la vida de una mujer. Desde la gestación, nos enfrentamos a cambios profundos tanto a nivel físico como cognitivo. Llevar una vida dentro de nosotras nos hace experimentar un torbellino de emociones, en el que, en ocasiones, surgen dudas y miedos sobre nuestra capacidad para afrontar esta nueva etapa.

Es común preguntarnos si somos dignas de ser madres o si tenemos el conocimiento y la fortaleza suficiente para criar a nuestros hijos. Cada maternidad es única, y no existe un manual perfecto que nos guíe en el camino. Sin embargo, la sociedad ha romantizado la maternidad, proyectándola como un estado de felicidad plena y entrega incondicional, lo que genera una gran presión en las madres.

Esta idealización puede provocar frustración y tristeza, ya que muchas sienten que lo que hacen nunca es suficiente. Las expectativas irreales nos llevan a compararnos con otras madres o con la imagen idealizada que se nos ha inculcado, generando culpa e insatisfacción.

Es importante recordar que la maternidad no es un camino lineal ni perfecto. Hablar abiertamente de nuestras dudas y emociones, pedir ayuda cuando sea necesario y rodearnos de una red de apoyo nos permite vivirla de manera más realista y saludable. Ser madre no significa ser perfecta, sino aprender, crecer y amar desde la autenticidad.

Cada madre recorre su propio camino, con aciertos y errores, pero siempre con la intención de dar lo mejor de sí misma. La maternidad no debe ser una carga de expectativas inalcanzables, sino un viaje de autodescubrimiento y amor incondicional.

Por eso, te invito a reflexionar: ¿qué tipo de madre eres? ¿Alguna vez has sentido que no lo estás haciendo bien? Comparte tu experiencia, me encantaría leerte. 

                                                                                                                    Psi. Monica Ruiz 

                                                                                                                        Psicóloga

Cuando la atención médica afecta nuestra salud mental

Cuidar de nuestra salud es fundamental. Por ello, cuando acudimos a nuestra prestadora de salud, lo hacemos con la intención de recibir orie...